Automatización, ventajas que agregan valor estratégico al negocio

Automatizar ya no significa únicamente instalar robots en una línea de producción. En términos prácticos, se trata de usar reglas de negocio, sensores, analítica y software de inteligencia artificial para que tareas repetitivas, complejas, críticas o de alto volumen se ejecuten con menor intervención manual, reduciendo los errores y aumentando la trazabilidad. Todo lo cual permite optimizar procesos productivos en sectores como manufactura, logística y servicios.

Esta tecnología resulta necesaria en contextos de alta competencia global y escasez de mano de obra cualificada, permitiendo a las empresas escalar operaciones sin por eso incrementar los costos laborales. En industrias manufactureras, la automatización es esencial para mantener ritmos de producción 24/7, reducir errores humanos –que representan hasta el 20-30% de defectos en líneas manuales– y adaptarse a demandas variables, como en la cadena de suministro post-pandemia.

El aporte de la automatización puede ser visto desde cinco frentes diferentes, describe Bertha Durán, gerente de Hiperautomatización de GBM. “Eficiencia en procesos críticos, al reducir tiempos de ejecución. Seguridad desde el diseño, especialmente en entornos de desarrollo y operación tecnológica. Continuidad operativa, tanto en activos digitales como físicos. Agilidad en despliegues e infraestructura, para reducir tiempos de implementación. Y una visibilidad integral, con información unificada sobre procesos, bots, sistemas y activos”.

Así es como las ventajas de la automatización son variadas y numerosas. Una de las más importantes es la reducción de tiempos de ciclo, de entre un 30% a 50% en procesos ensamblaje, según informes de la Federación Internacional de Robótica (IFR). Especialistas de la firma McKinsey estiman que su adopción podría aportar entre 0,8% y 1,4% anual al crecimiento global de la productividad. Un trabajo académico ampliamente citado, publicado en Review of Economics and Statistics, encontró que la incorporación de robots industriales en 17 economías elevó el crecimiento anual de la productividad laboral en 0,36 puntos porcentuales y el del valor agregado en 0,37 puntos porcentuales.

El mercado global de automatización industrial alcanzó los 205.000 millones de dólares en 2022 y se proyecta que llegue a los 395.000 millones para el año 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 8,6%, impulsado por su adopción en Asia y Europa (Statista, «Industrial Automation Market Report 2023»).

Pero la automatización ya no es una conversación exclusiva de la gran industria ni un concepto reservado para áreas de tecnología. En América Latina, y especialmente en Centroamérica, está entrando por donde el negocio más lo necesita: operaciones, cumplimiento, mantenimiento, servicio y soporte. Hoy abarca procesos administrativos, logística, infraestructura tecnológica y mantenimiento de activos. Su avance en América Central es real, pero todavía está concentrado en pocos países y sectores. En la práctica, los sectores que más automatizan en la región son manufactura, logística, banca, telecomunicaciones, energía y servicios empresariales, mientras que las pequeñas y medianas empresas avanzan a un ritmo más lento por restricciones de inversión e integración tecnológica.

La principal ventaja de la automatización es que ordena y acelera la operación. Pero sus efectos cambian según el sector. En la industria y manufactura, por ejemplo, reduce tiempos muertos, mejora la calidad y la repetibilidad, disminuye errores humanos en tareas críticas, ayuda a mantener la continuidad operativa y la seguridad industrial.

En el sector de la banca, los seguros y los servicios es factible automatizar validaciones, conciliaciones, reportes y atención interna, con lo cual se reducir los reprocesos y los errores documentales, mejora la trazabilidad y el cumplimiento regulatorio.

Entre las áreas del retail, la logística y la distribución una empresa automatizada permite que se aceleren los tiempos de inventariados, reposición, clasificación y despacho. También mejora la visibilidad de punta a punta sobre pedidos y activos, reduce cuellos de botella en temporadas de alta demanda.

Para los casos de energía, telecomunicaciones y utilities la automatización permite realizar un mantenimiento predictivo, detectar incidentes antes de que se conviertan en fallas mayores y sostener la continuidad en redes y activos físicos.

En este contexto, el aporte de GBM es el de automatizar con criterio operativo, no solo tecnológico, explica Durán. “Desde la experiencia regional de nuestros especialistas, el valor de la automatización no está en sumar herramientas aisladas, sino en cerrar la brecha de complejidad que existe entre estrategia, operación y tecnología”. Porque llevar a cabo una buena automatización implica vincular cada iniciativa con indicadores concretos del negocio, y no convertirse en un proyecto desconectado del resto de la organización.

“El desafío para muchas empresas de la región no es si automatizar o no, sino en cómo hacerlo sin crear más fragmentación, y con un modelo que integre gobierno, adopción, implementación y mejora continua”, finaliza la ejecutiva de GBM.

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